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Deseando el reino: adoración, visión del mundo y formación cultural

febrero 21, 2019

James KA Smith es profesor de filosofía en Calvin College, donde ocupa la cátedra Gary and Henrietta Byker en Teología Reformada Aplicada y Visión Mundial. Es autor de Desiring the Kingdom: Worship, Worldview, and Cultural Formation. En este libro, Smith comparte su “visión de cómo es el aprendizaje cristiano auténtico e integral, enfatizando cómo el aprendizaje está conectado a la adoración” (11). Su objetivo es desafiar a los educadores cristianos a darse cuenta de que la educación es un proceso formativo que debe inflamar nuestro amor por el reino de Dios y nuestro anhelo de ver venir este reino. Del mismo modo, quiere que los fieles cristianos también se den cuenta de que la adoración es un ejercicio pedagógico que debe cultivar nuestro amor por Dios y por los demás.

Smith sostiene que el fin principal de la educación no es principalmente informar a la mente, sino formar el corazón. Por lo tanto, contrariamente a la opinión general, para él, la educación es una tarea más formativa que informativa. Sin devaluar la importancia de saturar nuestras mentes, enfatiza la transformación de nuestros corazones como resultado de nuestro aprendizaje. En sus propias palabras, “el objetivo principal de la educación cristiana es la formación de un pueblo peculiar: las personas que desean el reino de Dios y, por lo tanto, emprenden sus vocaciones como una expresión de ese deseo”. Luego, él ve una escuela, colegio o universidad cristiana. La universidad como “una institución formativa que forma parte de la misión docente de la iglesia” (34).

Él mira a una universidad cristiana, por ejemplo, como una extensión de la vida y las prácticas de la iglesia. Y prefiere el adjetivo “eclesial” para describir esta institución (por ejemplo, prefiere el término “universidad eclesial” a “universidad cristiana”). Una universidad cristiana, dice, usualmente se toma como un lugar de aprendizaje, separado de la iglesia; mientras que un colegio eclesial es un lugar de aprendizaje, estrechamente relacionado con el culto de la iglesia. Como tal, un colegio eclesial se convierte también en un lugar de culto. Y curiosamente, Smith entiende la adoración como una educación que debería ayudarnos a ser más amantes del reino de Dios. Para dejarlo hablar, la liturgia (que Smith entiende como sinónimo de adoración) es “una pedagogía que nos entrena como discípulos precisamente al someter nuestros cuerpos a un régimen de prácticas repetidas que se adueñan de nuestro corazón y” apuntan “nuestro amor hacia el reino de dios “(33). prefiere el término “universidad eclesial” a “universidad cristiana”). Una universidad cristiana, dice, usualmente se toma como un lugar de aprendizaje, separado de la iglesia; mientras que un colegio eclesial es un lugar de aprendizaje, estrechamente relacionado con el culto de la iglesia. Como tal, un colegio eclesial se convierte también en un lugar de culto. Y curiosamente, Smith entiende la adoración como una educación que debería ayudarnos a ser más amantes del reino de Dios. Para dejarlo hablar, la liturgia (que Smith entiende como sinónimo de adoración) es “una pedagogía que nos entrena como discípulos precisamente al someter nuestros cuerpos a un régimen de prácticas repetidas que se adueñan de nuestro corazón y” apuntan “nuestro amor hacia el reino de dios “(33). prefiere el término “universidad eclesial” a “universidad cristiana”). Una universidad cristiana, dice, usualmente se toma como un lugar de aprendizaje, separado de la iglesia; mientras que un colegio eclesial es un lugar de aprendizaje, estrechamente relacionado con el culto de la iglesia. Como tal, un colegio eclesial se convierte también en un lugar de culto. Y curiosamente, Smith entiende la adoración como una educación que debería ayudarnos a ser más amantes del reino de Dios. Para dejarlo hablar, la liturgia (que Smith entiende como sinónimo de adoración) es “una pedagogía que nos entrena como discípulos precisamente al someter nuestros cuerpos a un régimen de prácticas repetidas que se adueñan de nuestro corazón y” apuntan “nuestro amor hacia el reino de dios “(33). mientras que un colegio eclesial es un lugar de aprendizaje, estrechamente relacionado con el culto de la iglesia. Como tal, un colegio eclesial se convierte también en un lugar de culto. Y curiosamente, Smith entiende la adoración como una educación que debería ayudarnos a ser más amantes del reino de Dios. Para dejarlo hablar, la liturgia (que Smith entiende como sinónimo de adoración) es “una pedagogía que nos entrena como discípulos precisamente al someter nuestros cuerpos a un régimen de prácticas repetidas que se adueñan de nuestro corazón y” apuntan “nuestro amor hacia el reino de dios “(33). mientras que un colegio eclesial es un lugar de aprendizaje, estrechamente relacionado con el culto de la iglesia. Como tal, un colegio eclesial se convierte también en un lugar de culto. Y curiosamente, Smith entiende la adoración como una educación que debería ayudarnos a ser más amantes del reino de Dios. Para dejarlo hablar, la liturgia (que Smith entiende como sinónimo de adoración) es “una pedagogía que nos entrena como discípulos precisamente al someter nuestros cuerpos a un régimen de prácticas repetidas que se adueñan de nuestro corazón y” apuntan “nuestro amor hacia el reino de dios “(33).

El autor admite que su visión no es nueva en absoluto. Lo que puede considerarse nuevo al respecto es la forma en que lo presenta. Escribe contemporáneamente “desde dentro de la tradición reformada, con el fin de llegar a una audiencia católica y evangélica”, centrándose especialmente en “la forma y la tarea de la educación superior cristiana” (15). Si bien no estoy de acuerdo con todo lo que está escrito en su libro, como su referencia repetida a los seres humanos como animales, la visión de Smith es encomiable. La verdad es que vivimos en el mundo donde la educación, sí, incluso la educación cristiana, se percibe principalmente como la mera impartición de ideas a la mente, más que como la formación del corazón. Para aquellos de nosotros que somos maestros, el libro de Smith nos desafiará a repensar la manera en que educamos a nuestros estudiantes. Debemos capturar su visión y seguir sus consejos para ver nuestra vocación como educadores y la educación que brindamos a nuestros alumnos a través de la lente de nuestra adoración a Dios. La institución cristiana donde trabajamos debe ser una extensión de la adoración de la iglesia. “Por lo tanto,” concluye Smith, “cualquier erudición cristiana que valga el nombre debe surgir de la matriz de adoración. En resumen, la erudición cristiana debe ser erudita eclesial ”(230).

Publicado originalmente en https://biblicalspiritualitypress.org/

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