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El hombre coopera en la Conversión

diciembre 8, 2014

cross-praisePor Walmert Letona

Es claro a la luz de las Escrituras que la salvación le pertenece a Dios, hay quienes presuponen que Dios lo hace en contra de la voluntad del individuo ya que este debe decidir por si desea o no ser salvo. El Teólogo Berkhof en su obra de Teología Sistemática trata sobre este asunto de la conversión como un acto voluntario:

Pero aunque Dios sólo es el autor de la conversión, es de gran importancia acentuar el hecho en contra de una falsa pasividad, de que hay también en la conversión una cierta cooperación del hombre. El Dr. Kuyper hace notar que en el Antiguo Testamento, el término shubh se usa 74 veces hablando de la conversión como un hecho del hombre, y nada más 15 veces refiriéndose a la conversión como a un acto bondadoso de Dios; y que el Nuevo Testamento explica la conversión como un hecho del hombre 26 veces, y sólo 2, o 3 veces habla de ella como de un acto de Dios. Sin embargo, debe recordarse que esta actividad del hombre siempre es el resultado de una obra previa de Dios en el hombre, Lam. 5: 21; Fil. 2: 13. La actividad del hombre en la conversión se hace muy evidente de pasajes como Isa. 55: 7; Jer. 18: 11; Ez. 18: 23, 32; 33: 11; Hech. 2: 38; 17: 30 y otros.[1]

Vincent Cheung trata el asunto volitivo de la fe:

Nuestra definición indica que la fe tiene un elemento volitivo, ya que se trata de un asentimiento voluntario del evangelio. La voluntad del hombre no regenerado no puede asentir al Evangelio, pero una persona que ha sido regenerada por Dios también ha sido hecha dispuesta a creer en Jesucristo; Dios ha cambiado su voluntad. Por lo tanto, Dios no “compele” a una persona a la fe en el sentido de forzarle a creer lo que conscientemente se niega a aceptar, pero Dios “compele” un cambio en la voluntad de la persona por medio de la regeneración, para que su asentimiento al Evangelio sea realmente voluntario. Es decir, la fe es voluntaria en el sentido de que la persona elegida de hecho decide aceptar el evangelio, pero él sólo lo hace porque Dios le causa que así lo decida. Sin el poder de Dios para “compeler” o para cambiar la voluntad, nadie se decidiría a aceptar el Evangelio de Jesucristo [cursivas del autor].[2]

Así mismo Grudem cita:

Yo debo decidir y depender de Jesús para salvarme personalmente. Además del conocimiento de los hechos del evangelio y de la aprobación de esos hechos, a fin de ser salvo, yo debo decidir depender de Jesús para salvarme…. Eso viene solo cuando uno toma la decisión por voluntad propia de depender de Cristo y poner su confianza en él como Salvador. Esta decisión personal de poner la confianza en Cristo es algo que uno hace con el corazón, la facultad central de todo el ser que hace los compromisos de uno como persona.[3]

Que Dios salva al hombre en contra de su voluntad parece ser solo un prejuicio.


[1] Luis Berkhof, Teología Sistemática, p. 617

[2] Vincent Cheung: Systematic Theology; citado por Manuel Rojas en http://estudiosbiblicosrojas.blogspot.com/

[3] Wayne Grudem, Teología Sistemática ,745,747.

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One Comment leave one →
  1. Juan Marcos permalink
    diciembre 15, 2014 11:17 am

    interesante, me parece una explicación clara y bíblica. y sobre todo aclara este asunto de como es la salvación, el papel de Dios y del hombre.

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