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La Santificación y el Servicio

septiembre 16, 2013

Preparing_Gods_People_To_ServeSe puede servir sin estar siendo santificado, pero no se puede estar siendo santificado y no servir. En el artículo anterior hice una breve explicación de la primera parte de esta frase al desarrollar el tema de quienes están en el servicio a Dios pero no son verdaderos hijos de Dios. En esta oportunidad quisiera desarrollar la segunda parte “No se puede estar siendo santificado y no servir”.

Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. 2 Timoteo 2:21

¿Has pensado alguna vez qué cosas impiden o limitan tu servicio a Dios? Sin duda se te pueden ocurrir muchas cosas; yo aventuraría que algunos de los lectores pensarían, por ejemplo, en la falta de tiempo, capacitación o conocimiento bíblico, recursos económicos y hasta la falta de dones o talentos. Quizás algunos también vean la limitación de su servicio originada por su apariencia física, por su nacionalidad, idioma o educación. Sin embargo, ninguna de estas cosas es una verdadera limitación en el servicio que agrada a Dios. La verdadera y gran limitación es el pecado.

¿Que es la santificación?  Es la obra de Dios, progresiva, en cada uno de sus hijos, por la cual los limpia de sus pecados, los hace más fuertes frente a las tentaciones y los lleva a madurar en fe con el propósito de crecer en obediencia a Dios siendo moldeados por el Espíritu Santo conforme a la imagen de Jesucristo.

¿Qué es el servicio? Es el conjunto de acciones con las cuales brindamos una ayuda o utilidad beneficiosa para Dios o nuestro prójimo.

Si estamos siendo santificados, estamos siendo limpiados de nuestros pecados y como consecuencia nuestras vidas estarán más y mejor enfocadas en el servicio a Dios.

Pensemos un momento como los pecados nos obstaculizan en el servicio, sólo por mencionar algunos:

El egoísmo: no nos deja que compartamos las cosas que Dios nos da para servirle. Nuestros bienes, nuestras capacidades, nuestro tiempo.

La ambición: nos hace vivir con un sistema de valores equivocado, por lo tanto, el servicio pasa a ser una interferencia en nuestros planes.

El amor propio: nos hace centrarnos tanto en nosotros mismos que no nos queda espacio en nuestros pensamientos para orar o velar por las necesidades de otros.

El orgullo: no nos deja aprender, reconocer nuestros errores, mejorar, cambiar, aceptar a los demás como superiores a nosotros mismos.

La altivez: nos hace ver y tratar a la gente como si fuéramos superiores, por lo tanto, no hay recepción en las personas de nuestras palabras o acciones y difícilmente podamos ejercer una influencia sobre ellos.

La soberbia o autosuficiencia: nos quita del servicio básico que todo creyente debe ofrecer a sus hermanos que es orar por ellos. Haríamos mucho más y seríamos mucho más útiles si oráramos más y actuáramos menos.

La pereza: nos hace desperdiciar el tiempo y las oportunidades.

Una conciencia sucia: nos reprocha falta de integridad no nos deja servir con tranquilidad.

Así podríamos seguir la lista mencionando pecados y pesos que nos obstaculizan y nos cargan para poder correr la carrera de la fe (Hebreos 12:1) con gozo y en obediencia a Dios. Incluso en este mismo momento puedes meditar sobre tu propia vida y definir qué pecado y de qué manera afecta tu servicio. Seguramente pocos nos quedamos pensando en uno sólo y encontremos varios pecados que confesar y  los cuales debemos mortificar y para eso acudimos a la gracia de Dios en el evangelio de Jesucristo.

He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Hebreos 10:9-10

Necesitamos ser santificados y por eso necesitamos el evangelio. Fue la voluntad de Jesucristo venir a este mundo en obediencia al Padre para presentar un sacrificio completamente agradable, puro, santo y sin mancha. Un sacrificio perfecto y sin igual pues pagó el precio de nuestra redención, satisfizo la justicia de Dios, soportó su completa ira de modo que ya no hay condenación para los que estamos en él.

Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2 Corintios 6:16-7:1

¿Qué pasa entonces con aquellos que no sirven? Si alguien no sirve a Dios; si no hay ninguna acción beneficiosa para la extensión de su reino, si es apático a su obra, si no tiene disposición para ejercer sus dones o capacidades; entonces, tal persona debe preguntarse si está siendo santificada; pues tal vez reflexionando pueda darse cuenta de los pecados que le están obstaculizando, y si está estancada en el proceso de santificación o quizás peor aún, si esta ni siquiera ha empezado y por no haber comprendido correctamente el evangelio está todavía muerta en sus delitos y pecados y necesita al Salvador.

 

 

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Fuente: http://verdadenamor.wordpress.com/2013/05/24/la-santificacion-y-el-servicio/#more-1076

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