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El humanismo secular: su influencia en la sociedad y en la Iglesia, Parte I

mayo 24, 2013

Fernando-Saravi-300x300Fernando Saraví

En el siglo XV, el término italiano “umanista” (humanista) designaba originalmente a los maestros de gramática y retórica, del mismo modo en que los términos “jurista” y “artista” designaban a quienes enseñaban artes y leyes. En el siguiente siglo vemos que son las Facultades de Artes las que enseñan las “humanidades”, en contraste con los estudios teológicos propios de las Facultades de Teología. Las humanidades involucraban las disciplinas que promovían el desarrollo de una condición plenamente humana.

Con la caída de Constantinopla en 1453 y la desaparición del Imperio Romano de Oriente, se produjo la emigración de eruditos que introdujeron la cultura griega en Occidente. Esta circunstancia resultó en lo que, mucho tiempo después, se denominó humanismo renacentista. Este humanismo estaba sin duda emparentado con el anterior, pero al mismo tiempo representaba un fenómeno nuevo y dinámico. Jean-Claude Margolin ha propuesto la siguiente definición:

El humanismo europeo es un movimiento cultural e intelectual, característico del Renacimiento, que abrió el camino para una transformación de la visión del mundo, una renovación de las formas y tipos de conocimiento, una ampliación de las fuentes de inspiración artística y literaria, una reorganización de la vida académica, una libertad para criticar tradiciones e instituciones, y una nueva visión de la condición humana.

Este humanismo del Renacimiento fue uno de los determinantes claves de las circunstancias que llevaron a la Reforma religiosa del siglo XVI, ya que posibilitó y propició una nueva visión crítica de la autoridad y las doctrinas aceptadas tradicionalmente por siglos. Asimismo, llevó a un resurgimiento del estudio de la Biblia en sus lenguas originales y el surgimiento de las versiones en lenguas vernáculas (alemán, español, inglés…). Muchos de los humanistas europeos, como Erasmo de Rotterdam y Juan Calvino, fueron cristianos y escribieron desde una perspectiva decididamente bíblica.

En un sentido más amplio, el humanismo es una actitud filosófica que se caracteriza por considerar a los seres humanos y todo lo que a ellos concierne –pensamientos, aspiraciones, emprendimientos- de un valor único y especial; y por esta razón, subraya asimismo el valor del individuo. Existe por tanto un humanismo cristiano, que valora al ser humano por encima de todas las demás criaturas u objetos, como creación especial de Dios, hecho a Su imagen y semejanza y designado como mayordomo de Su creación.
Humanismo secular
A pesar de las profundas raíces bíblicas del humanismo europeo, a partir del siglo XIX los filósofos e ideólogos del marxismo tergiversaron el término “humanismo” al reservarlo para expresar una perspectiva del valor humano independiente de Dios, incluso frecuentemente hostil a toda consideración teológica. Con esto se preparó el camino hacia lo que hoy se denomina “humanismo secular”.

Dadas las vicisitudes de la historia, actualmente un humanista secular puede ser marxista o no serlo; de hecho, el marxismo es una filosofía política en franca decadencia. De todos modos, lo que caracteriza a un humanista secular es la adhesión al punto de vista filosófico conocido como materialismo o naturalismo. Por tanto, el humanismo secular es una vertiente del naturalismo filosófico, enraizado en los presupuestos básicos de éste, que pueden enunciarse como sigue.

  1. Dios no existe. Solamente existe el universo material que, en una u otra forma, es eterno, no creado, ya que no hay tal Creador. La realidad final es la materia y la energía.
  2. El universo es un sistema cerrado, en el cual todo ocurre según determinadas leyes naturales. Esto excluye la posibilidad de influencias externas, como lo son los milagros. Todo cuanto puede ocurrir es el resultado de la operación de principios propios del universo material.
  3. La vida existe como resultado de la combinación al azar de un conjunto de factores que posibilitaron su aparición a partir de la materia inerte. Todas las formas de vida se originaron de una célula primordial, a partir de la cual evolucionaron, a lo largo de millones de años, todas las demás formas, incluido desde luego el hombre.
  4. Los seres humanos son el resultado eventual de la evolución natural. En último análisis sólo son organismos más complejos, cuyos aspectos únicos (como inteligencia, personalidad y voluntad) se pueden explicar, al menos en principio, por el conjunto de leyes físicas y químicas que rigen los sistemas biológicos. Todas acciones y pensamientos de los hombres se deben a causas naturales, sean estas genéticas o ambientales.
  5. La muerte es el fin de la existencia individual. Ya que la existencia humana es exclusivamente el resultado de procesos naturales, la personalidad individual desaparece con la muerte del cuerpo. El destino inexorable de todo hombre es la desaparición personal, y el retorno de sus componentes moleculares al cosmos.
  6. La historia humana es una sucesión de acontecimientos vinculados por relaciones entre causas y efectos, pero carente de todo propósito global. No hay un objetivo de la historia, ni nadie que la guíe; ésta simplemente transcurre, a partir de las acciones humanas. De no ocurrir una catástrofe cósmica, la historia está por completo en manos de los hombres, para bien o para mal.
  7. La moral es un asunto exclusivamente humano. En términos prácticos, esto significa que son los seres humanos por sí mismos, o cada sociedad en su conjunto, los que deben establecer qué principios y prácticas consideran adecuados. Desde luego, pueden modificar tales prácticas y principios según las necesidades, conveniencias o preferencias individuales y sociales, sin ninguna guía superior al hombre ni tribunal supremo al cual rendirle cuentas.

Como es obvio, las creencias fundamentales del naturalismo se oponen diametralmente a las de la fe bíblica, que establece la existencia de un Creador personal, sostenedor del universo y activo en él, originador de la vida por un acto especial y deliberado; la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios como origen de la personalidad y la libertad; la subsistencia después de la muerte física; la historia como el campo en el cual se cumple el plan divino; y la moral basada en lo que Dios ha establecido como bueno para el comportamiento humano.

Los humanistas seculares creen prestar un servicio a la humanidad al librarlos de los “prejuicios” religiosos, de su anhelo por el más allá, o, como lo llama Paul Kurtz, redactor del Manifiesto Humanista II, “la tentación trascendental.” Para los humanistas seculares, todas las religiones son, en el mejor caso, una ayuda psicológica para enfrentar la existencia en un mundo hostil, y en el peor, un instrumento de dominación y una fuente inagotable de guerras y persecuciones. Cuanto antes se desprenda el hombre de toda creencia en lo sobrenatural, dicen, más pronto podrá aprender a valerse por sí mismo y moldear su propio futuro. Sin embargo, la posición humanista secular adolece de graves problemas.

origen: Razones para Creer

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