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La Santificación: ¿Quietismo o Pietismo?

marzo 7, 2013

Pia DesideriaLos creyentes fuimos santificados inicialmente en la regeneración y lo seremos en forma completa cuando estemos en la presencia de Cristo pero mientras tanto cada hijo de Dios pasa en su vida cotidiana por un proceso de santificación.

¿Es la santificación obra de Dios o responsabilidad personal? ¿Nos santificamos por el poder de Dios o por nuestro esfuerzo? ¿Es por confianza pasiva en Dios o por obediencia activa a Dios? ¿O es más bien una combinación de ambos?

Este debate se dio muchos años atrás y aborda ideas teológicas y filosóficas conocidas como el quietismo y pietismo. A continuación les presento varios conceptos e ideas que he extraído de un artículo del Pastor Dr. J. D. Watson, Director de Sola Scriptura Ministries:

Quietismo

El axioma más famoso del quietismo es “irse y dejar a Dios”; otra frase popular que lo describe es “yo no puedo, Dios si puede”. El quietismo enseña que la vida cristiana no es más que una sumisión pasiva a Dios, quien va a vivir la vida totalmente por nosotros. El quietismo fue popularizado por los antiguos Quaqueros y el controversial Charles Finney y especialmente por Hannah Whitall Smith quien fue su más famosa expositora con su libro: “El secreto cristiano de una vida feliz” que se ha convertido en uno de los más importantes tratados de esta enseñanza.  Entre los versículos favoritos del quietismo están:

¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? Romanos 9:21

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.  Gálatas 2:20

Se pretende así sostener, que el cristiano no debe poner ningún esfuerzo para tener una vida santa, que Dios lo hace todo. Para el quietista, es inútil y anti-espiritual luchar contra el pecado o disciplinarse a sí mismo para producir buenas obras ya que eso “se interpone en el camino de Dios.”

Debemos considerar que la vida cristiana no es simplemente “irse y dejar a Dios.” No es una vida en la que sólo Dios está trabajando. Pablo escribió:“prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:13).  Pablo no se había puesto en punto muerto para vivir la vida cristiana. Más bien, estaba “activo” avanzando hacia la meta celestial. Mientras que la vida cristiana es sin duda una vida de dependencia, no por eso es una vida de pasividad.

“Prosigo” es en griego diōkō, que significa “perseguir”, “seguir con entusiasmo, para tratar de obtener”. Está en el tiempo presente, indicando una acción continua. Los griegos usaban esta palabra para hablar de un cazador que persigue a su presa con seriedad, de un atacante persiguiendo al enemigo, y de un atleta tratando de llegar a la meta. Usando la misma palabra Pablo también escribió que debemos “pelear la buena batalla de la fe” y “seguir [diōkōla justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” (1 Timoteo 6:11-12). Todo esto, obviamente, indica un esfuerzo significativo.

Incluso más gráficamente, en 1 Corintios 9:24-27, Pablo representa la vida cristiana mediante una comparación con los Juegos Ístmicos, que tuvieron lugar en la ciudad de Corinto por lo que sus lectores comprendieron de inmediato lo que estaba diciendo. Los participantes en los Juegos tenían que soportar un riguroso entrenamiento durante diez meses y pasar el último mes de entrenamiento en Corinto, siendo supervisados cada día en el gimnasio y en los campos deportivos hasta el día de la competencia.

El cristiano, por lo tanto, no es un espectador en “el juego” sino más bien un participante. No quiere sentarse en el banquillo comiendo palomitas y viendo que el Espíritu Santo haga todo el trabajo. La vida cristiana es una vida de compromiso, la disciplina y lucha. Estamos en una guerra que no tiene precedentes. Por eso Pablo escribió que el cristiano ha de ponerse la armadura espiritual de Dios a prepararse para la batalla (Efesios 6:12-20; 1 Timoteo 6:12; 2 Timoteo 4:7). Ningún General combate la guerra por sí mismo en lugar de los hombres que dirige, sino que orienta su lucha. Así, mientras que las corrientes del quietismo parece surgir de los motivos más puros, no se basan en una exposición sólida y completa de la bíblia.

Pietismo

Como la otra cara de la moneda, el pietismo es todo lo opuesto al quietismo. El pietismo es una vida de esfuerzo al máximo, dando el 100 % de esfuerzo durante cada minuto del día. Es la vida de la auto-disciplina, la obediencia estricta, estudio y servicio. La clave para el pietista se encuentra en versículos tales como: “limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1) y, “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma ” (Santiago 2:17).

Reaccionando en contra de la ortodoxia muerta de muchas iglesias protestantes, el pietismo surgió en Alemania a finales del siglo XVII. Reconocido como el “padre del pietismo”, Philipp Jakob Spener (1635-1705) se convenció (y con razón) de la necesidad de una reforma moral y religiosa dentro de luteranismo alemán y así escribió “Pia Desideria” (Deseos Piadosos) en 1675. Varias cepas del pietismo se fueron desarrollando a lo largo de los años en otros países y el movimiento influenció a varios grupos como los menonitas, al igual que a John Wesley y el metodismo y por lo tanto, el Movimiento de Santidad.

Al igual que el quietismo, el pietismo tiene varios aspectos loables, pero su peligro inherente es el extremo que por lo general lleva al legalismo. Lo que ocurre con frecuencia es que ciertas prácticas son arbitrariamente elegidas como santas. Históricamente, por ejemplo, varios pietistas declararon dogmáticamente que el juego de cartas, el teatro, la literatura “secular”, ciertos tipos de vestimenta y otras prácticas culturales como impías. Tal enseñanza, todavía existe hoy en día entre algunos grupos. Los Amish tomaron esta medida: la electricidad, automóviles, otras comodidades modernas y el vestido contemporáneo no son “normales” y por lo tanto prohibidos.

Ahora bien, no criticamos los motivos aquí. Por el contrario. Ser cristiano implica y exige claramente  un cambio de vida de cada uno de nosotros ya que somos una “nueva criatura” (2 Cor. 5:17). Pero crear nuestra propia lista de cosas que son espirituales o no espirituales, cuando la Escritura simplemente no se ocupa de esas cosas, es una forma de legalismo. Lamentablemente, entre los subproductos del pietismo se encuentra la auto-justicia, el orgullo, la incoherencia, e incluso la hipocresía. Todo esto resulta en una vida espiritual divorciada del poder espiritual, los esfuerzos propios sustituyen al control  del Espíritu, y las preferencias personales triunfan sobre el precepto divino.

Encontrar el equilibrio

Veamos la respuesta de Pablo a este dilema:  Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13-14

A primera vista, esto no parece la solución al problema. De hecho ¡Parece una contradicción! El primer mandamiento de Pablo nos dice que tenemos que trabajar y luego no dice que es Dios el que hace el trabajo. ¡En primer lugar es un pietista y luego un quietista! ¿Cómo nos ayuda este texto con el tema? Precisamente por esta razón, éstos versos han sido a menudo un campo de batalla.

Es significativo, sin embargo, que Pablo no tratar de armonizar racionalmente los dos extremos. ¿Por qué? Porque nadie puede. Él simplemente dice que ambos son verdad. Vamos a examinar la maravillosa paradoja de este versículo, que es, como Martyn Lloyd-Jones dice, “uno de los resúmenes más perfectos de la vida cristiana que se encuentran en cualquier lugar” y luego veremos cómo trabajan juntos.

Reconociendo Nuestro Esfuerzo

Nuestro esfuerzo en la vida cristiana se expresa en las palabras “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. Como la mayoría de los comentaristas señalan, la primera cosa a tener en cuenta es que el versículo no dice que tenemos que trabajar para la salvación, sino trabajar por la salvación que ya tenemos. La salvación no viene por las obras, sino que ellas (obediencia) son la evidencia de la salvación.
La palabra “ocupaos” viene de una palabra griega (katergazomai) que significa elaborar, realizar o llevar a cabo una tarea hasta que se termine. El experto en griego Kenneth Wuest lo ilustra muy bien:

Cuando decimos: “El estudiante realizó un problema de aritmética.” Estamos diciendo que se ocupó del problema hasta llegar a la conclusión final. Esta es la forma en que se usa aquí. Los filipenses son exhortados a llevar la salvación hasta su conclusión final, es decir, a Cristo.

Lo que intensifica esta idea básica es el hecho de que el verbo está en el tiempo presente, indicando una acción continua, y en modo imperativo, indicando un mandato. Por lo tanto, podría ampliarse la traducción así: “mantener continuamente en llevar a cabo la tarea de completar su salvación hasta que esté terminada.” Se trata de un mandato a un esfuerzo diligente de una vida obediente, que resulta de la conversión y de ser investidos con poder de Dios en Su obra en nosotros, tal como Pablo va a añadir en el versículo 13.

Por otra parte, Pablo repetidamente señala el punto de nuestro esfuerzo en la vida cristiana. Por ejemplo: escribió a los corintios: “limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Cor. 7:1). Él ordenó a los efesios que “andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Efesios 4:1). A los Colosenses incluso, les proporcionó una lista de rasgos negativos que debían evitar y positivos que debían cultivar mientras trabajaban en la salvación (Col. 3:5-17).

¿Qué quiere decir Pablo al agregar que esta ocupación es con temor y temblor? Mientras que el “irse y dejar a Dios” haría que mentalmente nos sentemos y nos quitemos los zapatos para olvidarnos de las preocupaciones, Pablo nos dice todo lo contrario. El puritano Charles Bridges define a la perfección el “temor del Señor” cuando escribe:

“Es una reverencia afectuosa con la que el hijo de Dios se somete cuidadosa y humildemente a la ley de su Padre. El temor de Jehová es no querer hacer ni decidir nada que vaya a ofender el nombre de Dios. Es la perspectiva de una persona que, debido a su propia debilidad y tentaciones, ve el peligro de una posible caída y teme pues no quiere pecar contra Dios”

La frase “temor y temblor” aparece, por ejemplo en Efesios 6:5 que describe cómo el esclavo (o empleado) es obediente a su amo. Esta actitud no hace huir de miedo, sino más bien es un respeto por la posición y autoridad. Más profundo, sin embargo, es el pensamiento de temor al descuidar nuestra responsabilidad y así desobedecer al Señor. En 1 Corintios 2:3 Pablo escribe que llegó a los corintios en “temor y temblor”. Este fue un temor a fallar tanto a los corintios como al Señor. Del mismo modo significa: trabajar con la actitud de Noquerer fallarle al Señor.

Dándonos cuenta del poder que nos da Dios

¿Realiza Pablo todo el trabajo del que habla, en su propio esfuerzo? ¿Tenemos en nuestras propia fuerza o voluntad los recursos necesarios para lograrlo? No, porque Pablo va a añadir, “porque Dios es el que obra en vosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

La palabra “obra” en griego es “energeō”  (de donde proviene la palabra energía o energizar) y significa “estar operativo”, “llevar a cabo algo”. Un experto en griego dice que el sustantivo “energeia”: “energía, potencia activa, operación” se utiliza casi exclusivamente para el trabajo de los poderes divinos o demoníacos. En Efesios 1:19 por ejemplo es el poder de Dios que  ”trabaja” (energeia) en nosotros, mientras que en 2:2 Satanás se dice que está “operando” (energeo).

Otro Erudito del griego añade que este uso es predominante en palabras completas: “Sólo en Filipenses 2:13 es el activo energein [participio presente activo de energeo] se refieren a la actividad humana”, pero observamos que aún así es Dios quién está obrando. Entonces, ¿Cómo es que podemos obrar? ¿Por qué es que tenemos la fuerza para actuar y salir victoriosos? Es debido a que Dios esta obrando primero. Veamos brevemente cuatro principios.

En primer lugar , la persona de la obra es Dios, no nosotros. “La actividad divina esta, literalmente, haciendo un trabajo interno (ho energon)”, escribe el pastor y comentarista Robert Gromacki. La traducción literal de este participio es “el que energiza”. El trabajo interno de Dios trata con el carácter de una persona, y luego el hombre manifiesta su conducta”. En segundo lugar, Dios está trabajando en todos los aspectos de nuestro ser. Tercero, el propósito de este trabajo es el querer hacer lo que se propone. Aquí está la soberanía de Dios esta en acción. Cuarto, el punto máximo de esta obra, la razón última de todo, es la gloria de Dios. Como Pablo declara en Efesios 1, todo – la elección, la predestinación, la redención, el sella y todo lo demás es “para alabanza de la gloria de su gracia”.

La conciliación del Enigma

Si bien estas dos verdades pueden ser vistos como racionalmente contradictorias, son complementarias espiritualmente. Como Kenneth Wuest bien lo expresa así: “En el versículo doce, tenemos la responsabilidad humana, en el versículo trece la capacitación divina, un perfecto equilibrio que debe mantenerse si la vida cristiana es vivida al máximo. No es un “irse y dejar a Dios”. Es un “apoderarse de lo que se ocupa Dios”.

Para decirlo de otra manera, esto no es una sumisión pasiva sino una dependencia positiva. Se trata de una cooperación mutua del poder del Espíritu Santo que permite al cristiano actuar victoriosamente. Siempre soy bendecido al leer Lehman Strauss. Él ofrece una ilustración maravillosa aquí que describe cómo estos dos principios se complementan entre sí:

Cuando visité las Indias Occidentales en 1956 pude ver cómo una empresa estadounidense extraía millones de toneladas de bauxita en las colinas de Jamaica. El valioso mineral ya estaba allí. Dios lo había formado o trabajado en el paso del tiempo y los procesos que determinó. El hombre sólo tenía que trabajar y explotarlo con el fin de sacar el mayor valor de algo que ya era su posesión. Mientras miraba, comprendí que el proceso no era nada simple y fácil. Fue un proyecto costoso pero se podía tener la certeza que el esfuerzo iba a ser recompensado con grandes dividendos. Tal es, me parece, la idea en las palabras inspiradas por el Espíritu Santo: “ocupaos en vuestra salvación.” Es mi posesión por don de la gracia divina, pero como Guy H. King ha dicho: “Yo extraigo de la mina lo que ya me ha sido dado”, tratando que salga la preciosa pepita de la humildad.

Tampoco es nuestro texto un caso aislado. Pablo escribió a la iglesia de Corinto atribulada: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia que se me confirió no resultó vana; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo” (1 Corintios 15:10). Él también escribió a los creyentes de Colosas: “Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Colosenses 1:29). Incluso en Gálatas 2:20, deja claro que es a la vez, “yo vivo. . . sin embargo, no yo”. En todos estos casos, los creyentes se esfuerzan mientras que Dios los está fortaleciendo.

Para terminar, Martyn Lloyd-Jones resume bien esta cuestión cuando escribe:

. . . los deseos de una vida cristiana más plena y mejor y más perfecta no son autogenerados o de fabricación propia. Cuando usted tiene un deseo de hacer algo bueno o el deseo de orar, es Dios el que da energía a su voluntad, él obra en nosotros el querer y el hacer. Él nos da la energía y el poder para respirar, nos da la capacidad de vivir esta vida.  La iniciativa es Suya, de principio a fin. Es Dios quien comenzó, es Él quien nos mantiene, y es Él quien actúa con perfección. Sin embargo, tú y yo tenemos que trabajar en esto, se nos manda hacer algo. ¿Es esta una contradicción? Sugiero que no lo es y podemos ponerlo de esta manera. Dios lleva a cabo esta obra en nosotros mediante la colocación de éstos deseos y poderes en nosotros. En otras palabras, Dios nos está perfeccionando; Él está trayendo su gran propósito de actuar en nuestra vida, no por una acción sobre nosotros en un estado pasivo, sino por el control de nuestra voluntad, de nuestros deseos, de nuestros pensamientos y aspiraciones, y de todo nuestro ser. Dios es el que nos pone en marcha y nos hace hacerlo. Yo no digo que Dios obliga a nuestra voluntad. Más bien digo que Dios hace algo más amable: Él convence a nuestra voluntad, y nos da deseos santos, a fin de que haremos esas cosas y nuestro deseo será ocuparnos de nuestra salvación, ya que es “Dios quien obra en nosotros.”

Dr. J. D. Watson
Pastor-Teacher, Grace Bible Church
Director, Sola Scriptura Ministries
Author/General Editor, Truth on Tough Texts

Traducido y adaptado por Adrián Passarelli
Artículo original en: http://www.thescripturealone.com/TOTT-48.htm

 

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