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Combatiendo las herejías por las redes sociales

enero 7, 2013

AdictoFacebookFacebook y las redes sociales: el peor lugar para exponer una controversia contra el hermano

Hace tiempo en una congregación que visitamos y en la cual conocíamos a la mayoría de los miembros ocurrió un hecho lamentable que personalmente me molestó: durante el tiempo de la adoración congregacional, mientras se entonaban los himnos al Señor, unos hermanos comenzaron a burlarse y a juguetear con las letras. Ese domingo, al llegar a casa, abrí mi cuenta de Twitter y publiqué un comentario alusivo al pecado de la burla irreverente en los cultos. No fue hasta varios meses después cuando estudiando la Biblia me percaté de este grave error que cometí y que he visto repetirse no sólo en mi propia vida sino también en la de otros cristianos igualmente necesitados de discernimiento y dominio propio.

Es legítimo exponer en las redes sociales “las obras infructuosas de las tinieblas” (Ef. 5:11) con el cuidado necesario. Gracias a Internet millones de cristianos compartimos información todos los días en la que podemos enterarnos, gracias a los trabajos de hombres piadosos, de aquellos desafíos y riesgos con que se enfrenta la iglesia en medio de un mundo poblado de herejías y falsos maestros. Sin embargo, una cosa es publicar comentarios o citas que intentan poner en guardia a la iglesia o alimentar en la fe a los hermanos, y otra muy diferente escribir algunas líneas para sacar el coraje, la indignación o la queja contra otro hermano que sentimos nos ha lastimado o ha pecado contra nosotros o contra la iglesia.

Ventilar controversias contra otros hermanos en las redes sociales tiene al menos dos efectos destructivos: primero, es una violación al procedimiento bíblico expuesto en Mateo 18:15-22 (que se expone brevemente más adelante); y segundo, es contraproducente para el testimonio que debemos guardar como cristianos en un mundo de arrebatos y venganzas. Cuando yo publico en Facebook, por ejemplo, un comentario hiriente o sarcástico en virtud de una controversia que acabo de tener con un hermano en la fe inicio un incendio cuyas consecuencias destructivas no soy capaz de medir. Las palabras llevan en sí mismas toda la vaguedad del lenguaje por lo que aún los más capaces en la redacción regularmente son objetos de malinterpretación. Si escribo: “algunos son incapaces de ver su propio pecado” la frase puede interpretarse como “eres un hipócrita”, o bien, “tú eres un pecador y yo no” o de un modo más ligero “ojalá puedas regresar al camino correcto: estás a tiempo”. Y si como ocurre con frecuencia los mensajes no llevan destinatario directo más de una persona de la iglesia puede sentirse aludida y entristecerse, preocuparse o llenarse de ira. En estos casos no se aplica el “si te queda el saco póntelo” del mundo; así no se hacen las cosas en el Reino de Dios.

En el evangelio de Mateo se lee cómo se debe tratar una controversia con un hermano. Jesús está exponiendo la parábola de la oveja perdida (18:10-14) y asegura que “si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron” (vv. 12-13). Esto significa que para Dios, como pastor de su pueblo (cfr. Salmo 23), aún las ovejas errabundas son objeto de su amor y cuidado, y por tanto, conviene salir en la búsqueda de la restauración de aquellas cuyo pecado las ha extraviado. Esto no lo entienden aquellos que buscan sólo su propio derecho y anhelan desquitarse por alguna ofensa que hayan recibido: Dios, en cambio, siempre está dispuesto a darnos su perdón.

En esta tesitura, Cristo continúa enseñando que si un hermano peca contra nosotros le debemos “reprender” estando él y nosotros a solas. La palabra griega traducida como reprender (ἔλεγξον) significa amonestar y convencer por demostración -y no condenar y lastimar premeditadamente- por lo que otras traducciones dicen “hazle ver su falta” (NVI). El objetivo es restaurar la relación en el amor de Dios, no satisfacer ansias airadas o injuriar al otro. Dice Cristo que debemos amonestar al hermano “a solas” lo cual no merece mayor explicación como sí una mención de la terrible práctica de exponer nuestra queja en las redes sociales. Facebook, Twitter y otros servicios semejantes están diseñados para intercomunicar a millones de personas en todo el planeta. Cuando yo publico allí un mensaje referente a una ofensa que he recibido lo estoy haciendo del conocimiento de cientas de personas. No hace mucho tiempo un pastor que cayó en adulterio fue objeto de un raudal de descalificaciones y críticas que crecía y crecía en la red (enterándose cristianos e incrédulos por igual), y lamentablemente fue desde su misma congregación donde comenzó a exponerse el asunto. Las calumnias también siguen el mismo curso.

El resto del pasaje trata sobre la posibilidad de que el hermano amonestado ignore la exposición de su pecado y la invitación a la comunión fraterna. Bástenos lo referido aquí para los efectos de esta publicación.

Lo anterior se expuso en el entendido de que realmente se haya pecado contra nosotros. Infortunadamente, la mayoría de las controversias en las redes sociales ni siquiera responden a una falta contra nuestra persona sino a cuestiones necias, simples encuentros de opiniones, chismes y cosas parecidas. En el caso que he descrito al inicio de esta publicación yo debí acudir con el hermano que se burlaba de los cantos, quizá una vez concluido el culto, y exponerle a solas mi molestia y los fundamentos de la misma según la Palabra de Dios. No debí publicar en las redes sociales ninguna alusión por muy anónima o general que pareciera. La Biblia contiene todo lo que necesitamos saber para conducirnos santamente y siempre glorificar al Señor con nuestro proceder, pero nuestra debilidad y negligencia en el estudio y la oración ocasiona que fallemos de esta manera. Aquella vez mi hermano cometió un pecado y yo cometí otro por tomar decisiones premeditadas. Se requiere muy poco valor para exponer todo nuestro coraje contra otros delante de un ordenador pero se necesita gran amor y valentía para perdonar y asistir al hermano en la restauración espiritual.

Señor, ayúdanos a ser compasivos con nuestros hermanos y perdónanos cuando pecamos olvidamos el amor con que tú nos perdonaste y amaste hasta el fin (Juan 13:1). Amén.

Origen: semillabiblica.org

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