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La Intolerancia de la Tolerancia

noviembre 5, 2012

La Intolerancia de la Tolerancia

Gregory Koukl

Fundador y presidente de Stand to Reason

Hay una palabra que puede interrumpir a un seguidor de Cristo en su camino a medida que busca “dar una razón de la esperanza” que él tiene. Esa palabra es “la tolerancia”. Las personas tolerantes no “imponen” su punto de vista personal sobre los demás. Son imparciales, sin prejuicios, y son neutros. A cada persona se le permite decidir por sí mismo. No “forzando” puntos de vista personales.

Esta idea es especialmente popular entre los postmodernos, esa raza de escépticos radicales, que exigen respecto injustificado por sus ideas en la universidad hoy en día. Su credo: “No hay verdad”, a menudo es seguida por una demanda de tolerancia.

A pesar de todo fanfarronear seguro, la apelación se autodestruye, ya que en realidad afirma dos verdades, una racional y otra moral: la “verdad” que no existe la verdad—un conflicto claro—y la verdad que uno debe tolerar los puntos de vista de otros. Su confusión sirve como una advertencia de que la noción postmoderna de la tolerancia está seriamente equivocada.

Esta neutralidad—uno de los supuestos más arraigados de una sociedad comprometida al relativismo—es un mito. Peor aún, es un ardid, estafa, y un engaño, un truco de la tolerancia pasiva-agresiva.

El Truco de la Tolerancia

Por definición, la tolerancia verdadera de los relativistas es una tolerancia imposible. Déjame darte un ejemplo de la vida real.

Hace unos años atrás hablé con una clase de alumnos en una escuela secundaria cristiana en Des Moines. Quería avisarles de este “truco de tolerancia”, pero yo también quería saber cuanto ellos ya habían sido tomados por ella. Empecé por escribir dos frases en el pizarrón. La primera expresa la comprensión actual de la tolerancia:

Todas las opiniones son igualmente válidas, ningún punto de vista es mejor que otro.

Todos estuvieron de acuerdo. Nada controvertible aquí. Entonces escribe la segunda frase:

Jesús es el Mesías; los judíos están equivocados en rechazarlo.

Inmediatamente las manos se levantaron. “Tu no puedes decir eso”, desafió una alumna, claramente molestada. “Eso es una falta de respeto. ¿Cómo te gustaría si alguien te diría que estas equivocado?”

“¿Como estás haciendo ahora mismo?” Señalé. “Me pasa todo el tiempo y no me molesta en absoluto. ¿Por qué me ha de molestar? ”

“Pero tu punto de vista es intolerante”, dijo, notando que la segunda frase violó la primera declaración. Lo que ella no vio fue que la primera declaración también se violó en sí.

Señalé a la primera declaración y pregunte: “¿Es este un punto de vista, la idea de que todas las opiniones son igualmente válidas?” Todos estuvieron de acuerdo.

Luego señale a la segunda declaración—la “intolerante”—e hice la misma pregunta: “¿Es este un punto de vista?” Ellos estudiaron la frase por un momento. Poco a poco se dieron cuenta de mi punto.

Si todas las opiniones son igualmente válidas, entonces la opinión de que los judíos están equivocados en rechazar a Jesús es tan cierto como la opinión de que los judíos tienen razón en rechazar a Jesús. Pero esto es irremediablemente contradictorio: “Todas las opiniones son igualmente válidas, incluyendo la opinión de que todos los puntos de vista no son igualmente válidos”, o “Todas las opiniones son igualmente válidas y no válidas por igual, al mismo tiempo.”

Ellos habían sido engañados por el truco de la tolerancia. Si esto es lo que equivale a la tolerancia, entonces nadie puede ser tolerante, porque la “tolerancia” resulta ser una jerigonza contradictoria.

Escapando la Trampa

¿Les gustaría saber cómo salir de la trampa?”, Pregunté. Ellos asintieron. “Rechacen esta distorsión de la tolerancia y regresen a la visión clásica.” Entonces escribí estos dos principios en el pizarrón:

Sé igualitarios con respecto a las personas. Sé elitista con respecto a las ideas. i

“Igualitario” era una palabra nueva para ellos. Piensen en “igual”, les dije. Traten a los demás como teniendo la misma importancia en su valor y dignidad. Este primer principio, aproximadamente se equipara con la palabra “respeto”, es el eje que se encuentra en el punto de vista clásico de la tolerancia. Tratar a las personas con respeto igual.

Sin embargo, ellos sabían lo que era un elitista. Un elitista era un presumido, alguien que pensaba que era mejor que otros.

“Correcto”, yo dije. “Cuando tu eres elitista con respecto a las ideas, tu reconoces que algunas ideas son mejores que otras. Y seguramente son. Algunas son buenas, otras son malas. Algunas son verdaderas, y algunas son falsas. Algunas son geniales, otras son tontas, y muchas son peligrosas”.

“Aquí está la clave”, resumí. “La verdadera tolerancia se aplica a la forma en que tratamos a la gente, no en la forma que tratamos a las ideas“.

Respetemos a las personas que tienen creencias diferentes a las nuestras, tratándolas con cortesía, permitiéndoles un lugar en la conversación pública. A pesar de que estemos muy en desacuerdo con sus ideas, la tolerancia nos obliga a ser corteses con ellos, a pesar de nuestras diferencias.

Al Revés

La definición postmoderna de la tolerancia pone la fórmula clásica al revés.

Sé igualitarios con respecto a las ideas. Sé elitista con respecto a las personas.

Dado que todas las ideas son iguales, si tú rechazas las ideas de otros eres automáticamente acusado de faltarle al respeto a la persona (como la alumna lo hizo conmigo). En este punto de vista ninguna idea o ningún comportamiento se pueden oponer, incluso si se hace graciosamente, sin invitar la acusación de incivilidad.

Irónicamente, esto resulta en el mismo elitismo con respecto a las personas que relativistas están tratando de evitar. El “intolerante” puede ser públicamente humillado, etiquetado como intolerante, irrespetuoso, ignorante, indecente e—irónicamente—intolerante. A veces incluso puedes ser demandado, castigado por la ley, u obligado a asistir programas de re-educación. ii

La tolerancia entonces esta patas arriba: Tolera la mayoría de las creencias, pero no toleres (muestran respeto por) a los que están en desacuerdo con esas creencias. Las opiniones contrarias políticamente incorrectas, sobre todo-son etiquetadas como “imponiendo tu punto de vista sobre los demás” y silenciadas rápidamente.

Tres Elementos de la Tolerancia

Este punto de vista clásico, aunque en gran medida ausente de la plaza pública, todavía se puede encontrar en los diccionarios. Según el diccionario Webster, iii la palabra “tolerar” significa permitir o autorizar, a reconocer y a respetar las creencias y las prácticas de los demás sin compartirlas, soportar o aguantar a alguien o algo que no te gusta necesariamente.

La tolerancia, entonces, consiste en tres elementos: (1) permitiendo (2) una conducta o punto de vista en que uno está en desacuerdo o no le gusta (3) mientras tanto respetando a la persona en el proceso.

Ten en cuenta que no podemos verdaderamente tolerar a alguien a menos que no estemos en acuerdo con ella de alguna manera. Esto es crítico. No toleramos a las personas que comparten nuestros puntos de vista. Ellos están de nuestro lado. No hay nada que aguantar. La verdadera tolerancia está reservada para aquellos que pensamos que están equivocados, y aun así optar tratarlos decentemente.

Este elemento esencial de la tolerancia clásica—desacuerdo (elitismo en relación con las ideas) —se ha perdido enteramente en la distorsión del concepto postmoderno. Hoy en día, si tú piensas que alguien está equivocado, te llaman intolerante, no importa cómo lo trates.

Esto presenta un problema curioso. Primero uno tiene que pensar que otro está equivocado para que la tolerancia verdadera se pueda expresar, sin embargo, expresando esta convicción trae la acusación de la intolerancia. Se trata de un círculo vicioso. De acuerdo con este enfoque, la verdadera tolerancia es imposible.

El mito de la tolerancia obliga a todos a un conflicto inevitable. Cada persona en cualquier debate tiene un punto de vista que cree que es correcto. Cada persona piensa que aquellos con quien están en desacuerdo están equivocados. Nadie jamás cumple con las exigencias de la definición postmoderna de la tolerancia. Es por eso que la “neutralidad” de la tolerancia postmoderna es un mito.

Tres Caras de la Tolerancia

Agregando a la confusión es el hecho de que la tolerancia puede aplicarse a diferentes cosas—personas, conductas o ideas—y las reglas son diferentes para cada una.

La tolerancia de personas—lo que podría llamarse “civilidad” o “respeto”—está en el eje de la visión clásica de la tolerancia: la libertad de expresar las propias ideas de uno sin temor a represalias.

Respetamos a los que tienen creencias diferentes a las nuestras, tratándolos con cortesía y permitiendo que sus puntos de vista tengan lugar en el discurso público. Podemos estar en gran desacuerdo y competir vigorosamente contra ellos, pero todavía mostramos respeto por el individuo a pesar de las diferencias.

Tolerando el comportamiento es otro tema. En las sociedades libres, una persona puede creer lo que quiera—y por lo general tiene la libertad para expresar esas creencias—pero ella no puede comportarse como le gusta. Ciertos comportamientos amenazan el bien común. En lugar de ser tolerado (permitido, aunque estar en descuerdo), está restringido por la ley. Históricamente, nuestra cultura ha hecho hincapié en la tolerancia (respeto) de todas las personas, pero nunca tolerancia de todos los comportamientos.

La libertad de actuar, llamado la tolerancia de la conducta, es una cuestión totalmente diferente. Nuestras leyes demuestran que un hombre puede creer lo que le guste—y por lo general tiene la libertad para expresar esas creencias—pero no puede comportarse como le gusta. Ciertos comportamientos amenazan el bien común. En lugar de ser tolerado, es restringido por la ley. En las palabras de Lincoln, no hay derecho de hacer lo malo.

Por último, existe la tolerancia de las ideas. La tolerancia de las personas exige que cada punto de vista reciba una audiencia cortés, no que todas las opiniones tengan el mismo valor, mérito, o verdad. La perspectiva de que las ideas de una persona no son mejores ni más verdaderas que otras es absurda. La razón y la integridad intelectual requieren que tratemos algunas ideas como mejores que otras. Cualquier otro enfoque es una tontería, incluso peligroso, porque las ideas tienen consecuencias. Para argumentar que algunas opiniones son falsas, inmorales, o simplemente una tontería no viola ninguna norma significativa de la tolerancia.

Piensa en la palabra “aceptación” como sinónima de “tolerancia.” Aceptar (respeto) a todas las personas sobre la base de nuestra humanidad compartida. No aceptes—tratar como legítimo—todo comportamiento o todas ideas. Alguna conducta es inaceptable y algunas ideas son erróneas.

Estas tres categorías se confunden con frecuencia por los pensadores confundidos. Si uno rechaza las ideas o el comportamiento de otro, se le acusa automáticamente de rechazar a la persona y de ser irrespetuoso.

Decir que soy intolerante a una persona porque no estoy de acuerdo con sus ideas es confundido. En este punto de vista de la tolerancia, ninguna idea o comportamiento puede estar en contra, independientemente de la gracia, sin la invitación a la censura y la acusación de ser incivil. En vez de escuchar, “Yo respeto su opinión,” los que difieren en aspectos políticamente incorrectos se les dice que son intolerantes, de mente estrecha.

Palos y Piedras

Esto no es más que insultos pasados de moda. Un ejemplo de esto fue un ataque hecho en mi diario de la comunidad sobre cristianos que se sentían incómodos con la presión social para aprobar la homosexualidad. Escribí la siguiente carta al director para mostrar cómo la noción postmoderna de la tolerancia se había torcido en vicio en lugar de una virtud:

Estimado Editor: Yo estoy constantemente asombrado al ver cuan intolerantes los residentes de La Bahía del Sur son en cuanto a los puntos de vista morales distintos a las suyas. Las cartas de la última semana sobre la homosexualidad eran ejemplos de esto. ¡Un escritor incluso sugirió que la publicación censure opiniones alternativas!

Esta actitud estrecha y santurrona sobre la ética sexual es hipócrita. Se oponen a lo que ven como el odio (que antes se llamaba la moral) con ataques cáusticos y mordaces. Condenan a la censura pidiendo la censura (hay aquí una diferencia). Ellos acusan a otros de la intolerancia y el fanatismo, y luego regañan a esas mismas personas por tomar un punto de vista contrario al suyo.

¿Por qué se le ataca a uno con tanta fuerza simplemente por afirmar pautas morales sobre el sexo que nos han mantenido en un buen lugar desde hace miles de años?

No sólo eso, las objeciones son contradictorias. Los autores suponen que todo el mundo debe permitir el hacer y creer lo que uno quiera y que nadie debería forzar sus puntos de vista sobre los demás. Pero ese es su punto de vista, que inmediatamente intentan forzar sobre sus lectores de forma abusiva.

Aquellos con creencias opuestas fueron pronunciados como intolerantes, cobardes, irrespetuosos, ignorantes, abominable, terrible, indecente, a la par con el Ku Klux Klan, y—se puede creer—intolerante.

¿Por qué no abandonamos todas estas tonterías acerca de la tolerancia y mente abierta? Es engañoso porque cada lado tiene un punto de vista que piensa que es correcto. La verdadera cuestión es qué tipo de moral debe fomentar nuestra sociedad y si tal moralidad se basa sobre hechos y razonamientos solidos o una retórica vacía.

La Cobardía Intelectual

La mayor parte de lo que pasa por la tolerancia hoy en día no es más que cobardía intelectual, el miedo de la participación inteligente. Los que pasean la palabra “intolerancia” no están dispuestos a ser retados por otros puntos de vista, a lidiar con opiniones contrarias, ni siquiera considerarlas. Es más fácil lanzar un insulto—”que fanático intolerante”—que enfrentar a una idea y, o bien refutarla o ser cambiado por ella. En la era postmoderna, la “tolerancia” se ha convertido en la intolerancia.

Como embajadores de Cristo, elegimos el camino más valiente, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios” (2 Corintios 10:5). De una manera elegante e ingeniosa decimos la verdad, y luego confiamos en Dios para transformar las mentes.

Cada vez que te acusan de intolerancia, siempre pide por una definición. Cuando la tolerancia significa neutralidad, que todas las opiniones son igualmente válidas y verdaderas, entonces nadie es tolerante porque nadie es neutral en cuanto a sus propios puntos de vista. Señala la contradicción integrada en la nueva definición. Señala que este tipo de tolerancia es un mito.

La regla clásica de la tolerancia es lo siguiente: Tolerar a las personas en todas las circunstancias, enseñándoles el respeto y la cortesía, incluso cuando sus ideas son falsas o tontas. Tolerar (es decir, permitir) un comportamiento que es consistente con el bien común. Por último, tolerar (es decir, aceptar y creer) las ideas sanas. Esto sigue siendo una buena guía.

Poniendo Tú Conocimiento en Acción

  • Ten en cuenta que prácticamente todos los cargos de intolerancia no son más que simples insultos.
  • Cuando alguien te llame intolerante, siempre pide por una definición. Pregúntale qué quiere decir cuando dice que tú eres intolerante (o arrogante).
  • Si él dice que eres intolerante, porque crees que tienes razón y todos los demás están equivocados, pregunta si piensa que sus propios puntos de vista tienen razón.
  • El hecho es que, todo el mundo piensa que sus propios puntos de vista son correctos, por eso él cree que lo que él cree (nadie cree en algo sabiendo que es falso). Si él dice que sus opiniones son verdaderas para él, pregúntale por qué él está hablando contigo. Señala que parece seguro que está tratando de empujar su punto de vista correcto “tolerante” sobre ti.
  • Por último di, “Estoy confundido. ¿Por qué es cuando pienso que tengo razón, yo soy intolerante o arrogante, pero cuando crees que tienes razón, estás meramente correcto? ¿Qué me estoy perdiendo aquí? “
  • Asegúrate de esperar por una respuesta.

____________________________________

i La manera de explicar esto viene de Peter Kreeft de Boston College

ii Esto ha ocurrido en muchas comunidades en cuanto a la cuestión de la homosexualidad.

iii Webster’s New World Dictionary, Second College Edition

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