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El Testimonio de la Iglesia y las Escrituras

octubre 27, 2011
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descubriendo la verdad

PRESERVACIÓN DE LA ESCRITURA.

Dios no sólo ha dado una revelación sobrenatural y la ha canalizado a través de hombres supervisados por el Espíritu Santo sino que también la ha preservado en el cumplimiento de su promesa.

  1. Pasajes bíblicos que apoyan la preservación de la Escritura. Un pasaje que enfáticamente apoya la permanencia del texto bíblico es el Salmo 119 a lo largo de sus 176 versículos el salmo destaca no sólo la autoridad divina de la Palabra sino también su preservación.
  • “Para siempre, oh Jehová permanece (natsab) tu palabra en los cielos” (Sal. 119:89).

El autor del Salmo alaba y adora a Dios por el carácter inmutable de Su Palabra. El Salmista dice que la Palabra de Dios está “fija”, “establecida”, “indestructible” en los cielos. La idea del texto es que Dios preserva su Palabra y nadie la puede destruir. Más adelante afirma que los testimonios de Dios [la Palabra] “…para siempre las has establecido” (119:152). También añade: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Sal.  119:160).

  • El profeta Isaías también da testimonio del hecho de la preservación divina de las Escrituras: “Sécase la hierba, marchitase la flor; mas la palabra de Dios nuestro permanece para siempre” (Isa. 40:8). El apóstol Pedro hace eco de las palabras de Isaías, cuando escribe: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Porque toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca y la flor se cae; más la palabra del Señor permanece para siempre”. (1 Ped. 1:23-25ª). Otros pasajes afines respecto de la preservación de la Escritura son Mt. 5:18; 24:35; Lc. 16:17. Los escritores bíblicos, por tanto, afirman la permanencia de las Escrituras.
  • El catecismo abreviado de Westminster resume magistralmente el valor permanente y la necesidad de la preservación de la Escritura de esta manera:

La Palabra de Dios, que es por muchos despreciada y aun tenida como una falsedad y una locura, es un excelente medio de gracia para los creyentes sinceros, que encuentran en ella oportuno consejo, sabia amonestación, luz suficiente para andar en el camino de la rectitud y otras muchas bendiciones que no es posible enumerar (1 Co. 1:18-21). Esto es debido al gran poder que Dios ha dado a su Palabra, para hacerla útil sobre toda cosa, para la instrucción con fines salvadores de sus hijos (Heb. 4.12).

Por eso nunca será suficiente el tiempo que el cristiano dé a su estudio y reverente meditación, ni será nunca vano el esfuerzo hecho para obedecerla (1 Tim. 4:16).[1]

  • La preservación de las Escrituras es una pieza fundamental para el desarrollo y el crecimiento del pueblo de Dios. La iglesia Cristiana ha reconocido desde su inauguración en la tierra que la Biblia es su única regla de fe y práctica. Los primeros creyentes “…perseveraban en la doctrina de los apóstoles” (Hch. 2:42).
  • Pablo puso de manifiesto la autoridad de lo que escribió así: “Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señalad, y no os juntéis con él, para que se avergüence”. (2 Tes. 3:14).
  1. Copias de las Escrituras del Antiguo Testamento eran consideradas como Palabra de Dios.
  • El rey de Israel debía tener junto a él, en el trono, una copia de la ley escrita en un rollo. Esa copia era hecha del original que estaba al cuidado de los sacerdotes y levitas. Dicha copia era considerada como Palabra de Dios. De igual modo, el sacerdote Esdras leyó el libro de la ley al pueblo que había regresado del exilio. 2 Reyes 22:3-23:3.
  • Esdras y sus ayudantes “Leían en el libro de la ley de Dios claramente” (Neh. 8:8). La copia de la cual leían es denominada “la ley de Dios”.
  1. Los escritores del Nuevo Testamento hacían referencia a las escrituras del Antiguo Testamento, usando la fórmula “escrito está” o “…para que se cumpliese lo dicho por Dios mediante el profeta” (véase, Mar. 1:17; Ro. 1:17; 3:4,10; Mt. 1:22; 5:17; Lc.4:21; Jn. 19:24,28).
  1. La Biblia advierte de las serias consecuencias de alterar el texto de la Palabra de Dios:
  • Deut. 4:2; 12:32; Is. 8:20; Prov. 30:5-6; Ap. 22:18-19; 2 Tes. 3 :14
  1. La preservación de las Escrituras no es  un acto milagroso sino una acción providencial de Dios. Dios utilizó a personas que copiaron las Escrituras muchas veces en condiciones difíciles y precarias. Esos escribas no eran inspirados como lo fueron los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo Testamento. Esos copistas inadvertidamente cometieron errores en la transmisión del texto (variantes textuales). La crítica textual, sin embargo, contribuye a la recuperación del texto original casi en un 100%. Es importante destacar que el texto tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento se ha conservado providencialmente con una pureza extraordinaria.

Sólo en el Nuevo Testamento hay cerca de 6000 manuscritos, incluyendo algunos reconocidos como de una fecha muy temprana. Si a eso se le añade el hecho de que los padres de la iglesia citan prácticamente todo el Nuevo Testamento en sus escritos, hay que concluir, sin temor a equivocarse, que la Biblia es el libro de la antigüedad mejor preservado.


[1] Catecismo Menor, Comentado y explicado por el Pbro.        Ezequiel Lanas (Mexico:Publicaciones “el faro”, p. 152

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